El Paso despidió entre acordeones, homenajes y lágrimas a Náfer Santiago Durán Díaz, ‘Naferito’, Rey Vallenato de 1976 y uno de los grandes referentes de la dinastía musical de los Durán. Familiares, músicos, dirigentes del folclor y habitantes del municipio se congregaron este miércoles en la Plaza Alejandro Durán antes de acompañar al maestro hasta su última morada.
El cuerpo de Náfer había regresado a su tierra natal la noche anterior, después del homenaje realizado en la sede de Sayco en Valledupar. Una caravana acompañó el féretro hasta El Paso, donde durante la jornada del miércoles se desarrollaron los actos programados para honrar su trayectoria como acordeonero, compositor y figura de la música tradicional vallenata.
La Plaza Alejandro Durán se convirtió en escenario de despedida
La ceremonia comenzó con un minuto de silencio y una oración. Después se sucedieron intervenciones de familiares, autoridades, investigadores y representantes de instituciones vinculadas con el vallenato, mientras la música estuvo presente como parte esencial de la despedida.
La elección de la Plaza Alejandro Durán tuvo una carga simbólica especial. Allí, el pueblo reunió en un mismo espacio la memoria de dos hermanos que alcanzaron la máxima distinción del Festival de la Leyenda Vallenata y que hicieron de El Paso uno de los territorios fundamentales en la historia del acordeón colombiano.
Durante el homenaje se destacó la importancia de Náfer dentro de la dinastía Durán, así como su particular manera de interpretar y componer canciones inspiradas en la cotidianidad, los amores, las costumbres y los personajes de su tierra.
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Sayco le concedió una distinción póstuma
Uno de los momentos centrales fue la entrega póstuma de la Orden Santa Cecilia, reconocimiento otorgado por la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia, Sayco, a la trayectoria del fallecido Rey Vallenato.


El reconocimiento fue recibido por sus familiares como homenaje a una vida dedicada a la música. Náfer no solamente se destacó como intérprete del acordeón: también dejó canciones y versos que pasaron a formar parte del repertorio tradicional del vallenato.
El compositor y cantante Poncho Zuleta resaltó durante su intervención la importancia de los Durán dentro del folclor, mientras el investigador y compositor Julio Oñate Martínez recordó el talento de ‘Naferito’ para retratar a través de su música las vivencias y sentimientos de la gente de su pueblo.
Las palabras de su hijo marcaron la jornada
El momento más emotivo llegó con la intervención de Luis Durán Escorcia, hijo del maestro, quien habló en representación de sus hermanos y de toda la familia.
Sus palabras estuvieron dirigidas al padre, pero también al hombre que describió como guía y referencia de varias generaciones. El mensaje estuvo marcado por el agradecimiento y el dolor de una familia que despedía no solo al músico admirado por el país, sino al padre y abuelo que permaneció ligado hasta sus últimos años a El Paso y al acordeón.
El alcalde Jesús Alberto Ortiz Cervantes también intervino durante la ceremonia y destacó el significado que Náfer Durán representa para la identidad cultural del municipio.
Del homenaje a la iglesia y luego al cementerio
Finalizadas las intervenciones y las presentaciones musicales, el féretro fue trasladado hasta el templo local para celebrar la misa de cuerpo presente. Posteriormente, familiares, amigos y habitantes acompañaron el cortejo hasta el cementerio municipal, donde se realizó la sepultura.
Náfer Durán había fallecido en Valledupar durante la madrugada del martes 29 de septiembre, después de atravesar varios episodios delicados de salud. Tenía 93 años.

Fue coronado Rey Vallenato Profesional en 1976, convirtiéndose en el noveno ganador de esa categoría. Ese mismo año grabó con un joven Diomedes Díaz el álbum Herencia vallenata, trabajo que marcaría el inicio discográfico del futuro ‘Cacique de La Junta’.
Este miércoles, sin embargo, El Paso no despidió únicamente al Rey Vallenato. Despidió a ‘Naferito’, al vecino, al compositor y al hombre que durante décadas convirtió las historias de su pueblo en notas de acordeón.
Y por eso, aun después de su sepultura, su música quedó sonando.

