La llegada de Antonio Ramón Nieto López como nuevo agente especial de Emdupar abre un nuevo capítulo para una empresa que lleva más de tres años bajo intervención de la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios y que todavía arrastra problemas financieros, comerciales, técnicos y laborales que vienen de mucho antes de la toma de posesión. Nieto reemplaza a Eduardo Andrés Mesa Buitrago, quien estaba al frente desde diciembre de 2025.
La pregunta que vuelve a instalarse en Valledupar es inevitable: ¿será este el interventor que finalmente logre encaminar a Emdupar o terminará convertido en otro nombre dentro de una larga lista de administradores sin resultados estructurales?
La respuesta no depende exclusivamente del nuevo agente. Los documentos de la propia Superintendencia muestran que la crisis de Emdupar es mucho más profunda que un problema de gerencia: hay cartera difícil de recuperar, elevados costos laborales, pérdidas de agua, infraestructura deteriorada, litigios, obligaciones antiguas y una capacidad de inversión extremadamente limitada.
¿Por qué Emdupar llegó a esta situación?
Cuando la Superservicios ordenó la toma de posesión el 2 de marzo de 2023, argumentó que Emdupar no tenía la capacidad financiera, administrativa y técnica suficiente para garantizar adecuadamente los servicios de acueducto y alcantarillado. La entidad había mostrado durante años indicadores deficitarios de liquidez y rentabilidad y acumulaba deficiencias que ponían en riesgo la prestación del servicio.
El diagnóstico realizado después de la intervención permitió dimensionar el problema. A abril de 2023, la cartera de Emdupar alcanzaba $91.479 millones. Es decir, una enorme cantidad de recursos facturados por la empresa no había ingresado efectivamente a sus cuentas.
Pero la cartera no era la única dificultad. Las obligaciones contraídas antes de la intervención superaban los $22.079 millones, según el diagnóstico oficial. Algunas de esas deudas quedaron temporalmente suspendidas precisamente como consecuencia de la toma de posesión.
A esto se sumaban problemas de recaudo. En aquel diagnóstico, los niveles de pago estaban por debajo del 80 % para diferentes tipos de usuarios: alrededor del 77 % en comerciales, 74 % en especiales y 70 % en residenciales.
Una empresa que pierde agua y también pierde dinero
Otro de los grandes agujeros financieros está directamente conectado con la operación del acueducto. La Superservicios encontró niveles excesivos de pérdidas de agua, ausencia de control suficiente sobre la producción y distribución y redes deterioradas que requieren grandes inversiones.
Esto tiene un efecto doble: Emdupar incurre en los costos de captar, tratar y transportar agua que finalmente no siempre logra facturar, mientras necesita invertir recursos adicionales para reparar fugas y modernizar una infraestructura envejecida.

La Superintendencia también detectó consumos no facturados, conexiones irregulares, deficiencias en la instalación y control de medidores y la ausencia de un catastro de usuarios plenamente funcional.
El problema continúa teniendo consecuencias en 2026. El presupuesto actual mantiene proyectos de reposición de redes, reducción de pérdidas y modernización de infraestructura, pero varios dependen de la disponibilidad efectiva de recursos.
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La pesada carga laboral de Emdupar
Uno de los asuntos más sensibles ha sido históricamente el gasto laboral.
El diagnóstico de la intervención estimó ineficiencias anuales por $16.257 millones, de las cuales aproximadamente $7.008 millones estaban relacionadas con altos costos laborales derivados de convenciones colectivas. La Superservicios calculó además que los sueldos y salarios llegaron a representar el 48,94 % de los gastos de la empresaen el análisis realizado durante 2023.
El organismo también encontró que el índice prestacional promedio superaba 2,5 y calificó como financieramente problemáticos algunos beneficios convencionales. Este asunto provocó desde el comienzo de la intervención fuertes discusiones con los trabajadores y sus organizaciones sindicales.
Tres años después, la composición del presupuesto sigue generando interrogantes.
Según la ejecución presupuestal, Emdupar tiene para 2026 un presupuesto cercano a $88.804 millones, pero únicamente $5.490 millones, equivalente al 6,1 %, está destinado a inversión real. Hasta junio se habían ejecutado alrededor de $2.326 millones de ese componente.
En contraste, el mismo análisis señala que alrededor del 53,5 % corresponde al funcionamiento administrativo y 38,8 % al funcionamiento operativo. En conjunto, esos dos componentes absorben más del 92 % del presupuesto.
El resultado es un círculo difícil de romper: la empresa necesita invertir para ser más eficiente, pero gran parte de sus recursos debe utilizarse simplemente para mantenerse funcionando.
Recuperar la cartera sigue siendo otro reto
La ejecución presupuestal oficial de Emdupar correspondiente a junio de 2026 refleja nuevamente la dificultad. La empresa proyectó recuperar durante el año unos $11.472 millones de cartera de acueducto y alcantarillado. Sin embargo, hasta junio había ingresado aproximadamente $2.218 millones, apenas el 19,3 % de esa meta.

Solo por recuperación de cartera de acueducto estaban presupuestados más de $6.062 millones, pero se habían recaudado alrededor de $1.301 millones. Para alcantarillado, la meta superaba los $5.409 millones y el ingreso acumulado rondaba los $916 millones.
Así, mientras Emdupar necesita recursos para invertir, una parte considerable del dinero que debería ingresar permanece en manos de usuarios morosos.
Contratos y demandas que también pesan
Uno de los casos recientes está relacionado con el contrato suscrito en 2015 con la Unión Temporal Medidores del Cesar 2015, cuyo objetivo era instalar más de 24.000 medidores. Un tribunal arbitral condenó en 2026 a Emdupar a pagar alrededor de $4.202 millones por perjuicios, cifra que supera los $4.464 millones al sumar costas y agencias en derecho.
También permanecen otros riesgos judiciales derivados de antiguos contratistas. Precisamente por eso, el presupuesto de la empresa debe reservar recursos para conciliaciones, laudos y transacciones, dinero que podría utilizarse en infraestructura si no existieran esos compromisos.
La propia Superservicios había advertido desde 2023 una vulnerabilidad jurídica significativa, además de dificultades para estimar adecuadamente las contingencias derivadas de procesos judiciales.
Tres años intervenida y los problemas estructurales continúan
Emdupar permanece intervenida desde marzo de 2023. Durante ese periodo se han producido distintos cambios en la administración.
Los documentos oficiales permiten identificar a Pablo Andrés Jaramillo Reyes, posteriormente José Luis Palomino López, luego Eduardo Andrés Mesa Buitrago y ahora Antonio Ramón Nieto López como agentes especiales en diferentes etapas.
Al hacer un balance más amplio de los movimientos administrativos producidos durante la intervención, señala que la empresa se aproxima a diez interventores, mientras que en julio el alcalde Ernesto Orozco hablaba específicamente de cuatro interventores, además de seis gerentes de Planeación y ocho tesoreros. En cualquier caso, la sucesión de cambios evidencia una fuerte inestabilidad administrativa.
Y allí aparece otra de las grandes preguntas: ¿cómo desarrollar un plan de recuperación de largo plazo si quienes deben ejecutarlo cambian constantemente?
¿Quién es Antonio Ramón Nieto?
Antonio Ramón Nieto López es ingeniero civil, especialista en Gerencia de Proyectos de Ingeniería y cuenta con más de siete años de experiencia en áreas relacionadas con el sector. En su trayectoria aparecen cargos como gerente de Guacaribe Colombia y director de operaciones en Essmar, además de trabajos relacionados con diseño y ejecución de redes en empresas como Aguas Kapital Bogotá y Consulcon.


Su perfil técnico coincide con algunos de los desafíos más urgentes de Emdupar: redes envejecidas, pérdidas de agua, necesidad de inversiones en acueducto y alcantarillado y modernización operativa
¿Será Nieto el que saque adelante a Emdupar?
La experiencia de los últimos tres años demuestra que cambiar de agente especial no equivale automáticamente a cambiar la situación de la empresa. Para que la nueva administración marque una diferencia tendrá que mostrar resultados medibles en varios frentes.
El primero será aumentar el recaudo y recuperar cartera. El segundo, reducir las pérdidas de agua y lograr que una mayor proporción del recurso producido termine facturándose. El tercero será controlar los elevados costos administrativos y laborales sin poner en riesgo la prestación del servicio.
También deberá aumentar la inversión en redes y plantas, resolver o reducir contingencias judiciales, avanzar en la actualización del sistema de medición y demostrar que los recursos cobrados a los usuarios por concepto de inversión efectivamente se convierten en infraestructura.
Y quizá el desafío más importante será presentar un plan financiero de largo plazo, con metas públicas y verificables, que permita saber cuánto debe Emdupar, cuánto puede pagar, cuánto necesita invertir y en qué plazo podría recuperar su viabilidad.
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Una empresa con poco margen para equivocarse
El panorama presupuestal de 2026 muestra que Emdupar todavía dispone de muy poco espacio financiero para emprender las grandes obras que necesita Valledupar. Mientras el presupuesto ronda los $88.804 millones, apenas alrededor del 6 % se destina a inversión real, según el análisis conocido recientemente.
Por eso, el reto de Antonio Ramón Nieto no será únicamente administrar la empresa durante unos meses. Tendrá que demostrar si es posible transformar financieramente una entidad que lleva años gastando gran parte de sus recursos en funcionamiento mientras acumula necesidades de infraestructura.


Después de más de tres años de intervención, la ciudadanía ya no espera únicamente anuncios o nuevos nombres. Los indicadores que permitirán medir al nuevo agente serán concretos: más recaudo, menos pérdidas de agua, mayor inversión, reducción de costos, mejor servicio y claridad sobre las deudas y litigios.
Solo entonces podrá determinarse si Antonio Ramón Nieto fue el interventor que empezó a cambiar la historia de Emdupar o si, como ha ocurrido con otros administradores, terminará siendo uno más dentro de la lista de quienes pasaron por una empresa cuya crisis sigue esperando una solución estructural.
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