
Una reciente reflexión del presidente Gustavo Petro, motivada por las impactantes fotografías de la Tierra enviadas por la NASA, ha generado un intenso debate. A través de sus redes sociales, el mandatario hiló un discurso que conecta la exploración espacial con el cambio climático, la gobernanza global y el fin de los combustibles fósiles. Sin embargo, más allá de la retórica poética y el innegable llamado a proteger el medio ambiente, un análisis objetivo y estructurado revela profundas desconexiones entre las propuestas del presidente y las realidades económicas, diplomáticas y geopolíticas del mundo actual.
La utopía de apagar el petróleo «inmediatamente»
El presidente hace un llamado tajante a que el petróleo «debe dejar de usarse inmediatamente por toda la humanidad». Desde una perspectiva técnica y económica, esta exigencia es materialmente inviable y potencialmente catastrófica a corto plazo. Una transición energética abrupta, sin un periodo de adaptación, colapsaría las cadenas de suministro globales, la producción de alimentos (que depende de fertilizantes y transporte impulsado por hidrocarburos) y los sistemas de salud. Además, resulta contradictorio para un país como Colombia, donde gran parte de la estabilidad fiscal, la inversión social y la balanza de pagos dependen directamente de las exportaciones de Ecopetrol. Exigir el cese inmediato global ignora la vulnerabilidad económica de las naciones en vías de desarrollo frente a un apagón energético de tal magnitud.
La NASA no es una ONG: El choque con la soberanía estadounidense
Petro propone «convertir a la NASA en un esfuerzo común de la humanidad» y «abrirla a la paz y el encuentro del mundo». Aunque suena idealista, esta premisa ignora la naturaleza jurídica y estratégica de la agencia.
La NASA es una entidad federal financiada exclusivamente por los contribuyentes de Estados Unidos y está profundamente entrelazada con la seguridad nacional y la defensa tecnológica de ese país. Aunque mantiene acuerdos de cooperación internacional (como la Estación Espacial Internacional o los Acuerdos Artemis), pretender que Washington ceda el control de su joya científica a una «gobernanza global» es desconocer por completo cómo funciona la geopolítica y la actual carrera espacial, donde Estados Unidos compite ferozmente por la hegemonía tecnológica contra potencias como China.
Reduccionismo histórico: ¿Todas las guerras son por petróleo?
El texto presidencial sugiere que la humanidad sufre de «guerras por la hegemonía del petróleo» y que, al usar menos gasolina, se «le echa menos gasolina a las guerras». Este es un reduccionismo histórico y geopolítico. Si bien los recursos naturales han sido un factor en múltiples conflictos del siglo XX, las guerras contemporáneas más devastadoras (como la invasión rusa a Ucrania o el conflicto en Medio Oriente) tienen raíces complejas que incluyen disputas territoriales, tensiones étnico-religiosas, nacionalismos e imperialismos históricos que van mucho más allá del control de un pozo petrolero. Simplificar la guerra al uso del vehículo particular desvía la atención de los verdaderos responsables geopolíticos de los conflictos armados.
El espejismo de una «Nueva ONU»
Finalmente, el mandatario plantea la necesidad de «otra ONU» y de una «gobernanza global democrática». Reestructurar el sistema internacional es un debate válido que llevan años dando los académicos; sin embargo, en la práctica, plantear la disolución de Naciones Unidas para crear un nuevo orden mundial choca con el muro del Consejo de Seguridad. Las grandes potencias con poder de veto (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido) no tienen ningún incentivo para ceder su soberanía e influencia a un modelo de asamblea global democrática.
En conclusión, el discurso del presidente Petro se consolida como un manifiesto moral y filosófico que busca posicionarlo como un líder ambiental en la arena internacional, pero carece de una hoja de ruta pragmática. Sus propuestas chocan de frente con la viabilidad técnica y las duras reglas de la diplomacia mundial, reduciendo problemas estructurales de la humanidad a soluciones que, hoy por hoy, son inejecutables.