ESPECIAL | CUARTA Y ÚLTIMA ENTREGA
Los edificios esenciales en Valledupar deberían cumplir una condición distinta a la de cualquier construcción corriente: después de un desastre, muchos de ellos no solo tendrían que permanecer en pie, sino seguir funcionando. Hospitales, organismos de socorro, centros de emergencia y otras infraestructuras cobran entonces un valor que va mucho más allá de sus paredes. Esa fue la pregunta que quedó abierta después del terremoto del 10 de agosto y de tres entregas de Noticias del Cesar sobre amenaza sísmica, construcción, licencias y vulnerabilidad: ¿sabemos cuáles edificaciones esenciales de Valledupar y el Cesar han sido evaluadas, cuáles requieren intervención y qué tan preparadas están para continuar operando después de una emergencia?
La respuesta, casi tres meses después de comenzar esta investigación, no es un sí ni un no. Existen normas, planes, simulacros, evaluaciones parciales y nuevas actuaciones institucionales. Pero la información pública revisada hasta ahora no permite construir una radiografía completa, edificio por edificio, de la vulnerabilidad sísmica de Valledupar. Tampoco permite afirmar que las estructuras sobre las cuales no aparece públicamente un diagnóstico sean inseguras. Entre ambas afirmaciones existe una diferencia enorme. Y allí está el cierre de esta investigación.
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Después del terremoto, Colombia elevó la vigilancia
El escenario institucional cambió pocos días después del terremoto del 10 de agosto. El 19 de agosto, la Procuraduría General expidió la Directiva 015 de 2026, que convirtió la prevención del riesgo sísmico en un asunto de vigilancia preventiva nacional. La entidad pidió a alcaldes, gobernadores y curadurías revisar los planes de gestión del riesgo, identificar las edificaciones e infraestructuras esenciales que requieran atención y verificar el cumplimiento de las normas sismorresistentes, las condiciones de licenciamiento y el control urbanístico.
Ya no se trata, por tanto, solamente de decir que existe un plan para responder. La vigilancia ahora exige evidencias. Un día después, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres publicó la Circular 73, con una metodología unificada para evaluar edificaciones afectadas por el terremoto. Ese instrumento fue construido con participación de gremios, sociedades científicas, universidades y entidades relacionadas con la ingeniería y la gestión del riesgo. La metodología permite ordenar técnicamente lo que ocurre después de un sismo, pero en Valledupar aparece una pregunta previa: ¿qué sabemos antes de que ocurra?
Nancio Galván: “Hasta donde tengo información, ese estudio no se ha realizado”

Noticias del Cesar trasladó esa pregunta a Nancio Galván Barros, presidente de la Sociedad de Ingenieros del Cesar. La consulta fue concreta: si era posible identificar qué edificios esenciales de Valledupar cuentan con estudios de vulnerabilidad y cuáles requieren intervenciones. Galván respondió con una cautela importante: “Hasta donde tengo información, ese estudio no se ha realizado en Valledupar. Tengo solo información parcial de algunas edificaciones que han realizado estudios de vulnerabilidad sísmica”.
Su respuesta no demuestra que ningún estudio exista. Galván fue explícito en limitarla a la información que él conoce. El documento maestro de esta investigación conserva, precisamente, esa precaución: existen referencias parciales sobre edificaciones evaluadas, pero no se ha acreditado un inventario integral de toda la ciudad. El ingeniero recomendó consultar a las oficinas municipal y departamental de Gestión del Riesgo y al sector Salud. Eso fue lo que hizo Noticias del Cesar.
Gestión del Riesgo departamental remitió la pregunta al municipio
Petra Romero Navarro, directora de la Oficina Departamental para la Gestión del Riesgo de Desastres y Cambio Climático del Cesar, había explicado en la primera entrega que el departamento cuenta con un sistema articulado con organismos de socorro, salud y fuerza pública. Para este cierre se le formuló otra pregunta: ¿puede identificarse qué edificios esenciales de Valledupar tienen estudios de vulnerabilidad y cuáles necesitan intervención?
Romero respondió que se trata principalmente de “un tema más de ciudad” y que, muy seguramente, la oficina municipal de Gestión del Riesgo tendría esa información. Noticias del Cesar trasladó también la consulta a funcionarios municipales y del sector Salud. Al cierre de esta investigación, no había recibido una respuesta que permitiera construir un inventario de los edificios esenciales de Valledupar con estudios de vulnerabilidad, resultados y necesidades de reforzamiento. Ese silencio no demuestra que los estudios no existan. Demuestra solamente que la información solicitada no estuvo disponible para este medio antes del cierre.
El dato que obliga a mirar a los hospitales del Cesar
Mientras esas consultas permanecían abiertas, apareció un documento que cambió el alcance de la cuarta entrega. La Gobernación del Cesar abrió en octubre el proceso SAMC-SGR-0015-2026, orientado al fortalecimiento de la red hospitalaria en preparación e implementación de la gestión del riesgo multiamenaza bajo el enfoque de hospitales resilientes. Los estudios previos revisados para esta investigación contienen un dato relevante: de los 27 hospitales públicos del departamento, solo dos contaban con la evaluación mediante el Índice de Seguridad Hospitalaria citada en esos documentos.
Para los otros 25 —el 92,6 %— la Gobernación señaló que no disponía del diagnóstico integral mencionado sobre componentes estructurales, no estructurales y funcionales frente a emergencias o desastres masivos. El dato es fuerte, pero necesita una precisión todavía más importante: no significa que 25 hospitales sean estructuralmente inseguros. Significa que, según esos estudios previos, la administración departamental no disponía para ellos de la evaluación integral allí citada.

Consulte: Estudios previos completos del proceso SAMC-SGR-0015-2026:
Un Índice de Seguridad Hospitalaria no es lo mismo que un estudio estructural
La Organización Panamericana de la Salud explica que el Índice de Seguridad Hospitalaria —ISH— permite obtener una visión rápida de la probabilidad de que una institución de salud pueda continuar funcionando durante una emergencia. La metodología analiza ubicación, componentes estructurales, elementos no estructurales y capacidad funcional; sin embargo, la OPS hace una advertencia que resulta fundamental para interpretar correctamente el hallazgo del Cesar: el ISH no reemplaza los estudios detallados de vulnerabilidad. Sirve como punto de partida para identificar debilidades, establecer prioridades y orientar inversiones.
Por eso, carecer de ese índice no permite concluir que un hospital vaya a fallar durante un terremoto. Y disponer de él tampoco significa que un edificio haya recibido automáticamente un estudio estructural exhaustivo: son instrumentos relacionados, pero no equivalentes.
La Gobernación busca evaluar y fortalecer la red hospitalaria
El proceso contractual tiene un presupuesto oficial de $197.910.508 y una duración prevista de 45 días. Su objeto es brindar herramientas para fortalecer la red hospitalaria en preparación e implementación del plan de gestión del riesgo multiamenaza como política de hospitales resilientes. Al cierre de esta edición, el proceso seguía abierto y el cronograma publicado establecía la recepción de ofertas para el 3 de noviembre de 2026 a las 9:00 de la mañana. La adjudicación estaba prevista posteriormente, por lo que Noticias del Cesar no presenta esas actividades como ejecutadas.
El alcance previsto incluye asistencias técnicas, capacitación y aplicación de herramientas para evaluar la preparación hospitalaria. El documento maestro revisado señala que se contemplan 27 asistencias técnicas, capacitación de 150 funcionarios y herramientas como el ISH, INGRID-H, RAP y STAR-H. No se trata de un contrato de obras de reforzamiento estructural. La diferencia vuelve a ser esencial: primero, se diagnostica; después, se decide qué intervenir.
Documentos de soporte de esta investigación
- Estudios previos: contienen el diagnóstico que originó el hallazgo sobre los 27 hospitales públicos del Cesar.
- Ficha técnica: detalla las actividades, perfiles profesionales y herramientas previstas para fortalecer la preparación de la red hospitalaria.
- CDP No. 1026: acredita la disponibilidad presupuestal por $197.910.508 destinada al proceso, sin que ello signifique por sí mismo adjudicación o ejecución de los recursos.
Hernán Araújo: un edificio no se diagnostica mirando la fachada
Hernán Felipe Araújo, gerente de Camacol Cesar, fue otra de las fuentes consultadas nuevamente para esta última entrega. Araújo explicó que determinar la vulnerabilidad de un edificio corresponde a profesionales especializados en áreas como patología y cálculo estructural. Su observación coincide con algo que esta serie ha repetido desde agosto: la seguridad estructural no puede determinarse, simplemente, mirando una edificación desde afuera.
Araújo relató, además, que, después del terremoto, profesionales vinculados al sector constructor se trasladaron hacia zonas afectadas del Eje Cafetero y el Valle para realizar evaluaciones. También llamó la atención sobre un punto especialmente relevante para Valledupar: las intervenciones posteriores sobre una edificación pueden modificar su comportamiento, por ejemplo, cuando una remodelación afecta elementos que soportan cargas.
Su referencia a experiencias discutidas en un congreso y a casos concretos de Pereira no se presenta aquí como conclusión independiente porque Noticias del Cesar no obtuvo, antes del cierre, las ponencias o documentos técnicos que permitan verificar esas observaciones específicas; sin embargo, el concepto central permanece: evaluar vulnerabilidad requiere ingeniería especializada.

Tener licencia no responde qué ocurrió durante toda la vida del edificio
En las entregas anteriores, Arianna Zuleta Oñate, curadora urbana número 2 de Valledupar, explicó que los proyectos sometidos a su despacho deben cumplir las normas de sismorresistencia y que profesionales especializados revisan esos requisitos antes de otorgar una licencia. También dejó planteada otra preocupación: de nada sirve una revisión rigurosa si, después, no existe control sobre aquello que finalmente se construye o modifica.
Planeación municipal, por su parte, explicó que su control en terreno está dirigido, principalmente, a aspectos urbanísticos: usos del suelo, índices de ocupación y construcción, alturas y cumplimiento del Plan de Ordenamiento Territorial. Y el inspector urbano Robin Ortiz reconoció que para un inspector resulta difícil determinar técnicamente, en una obra ya avanzada, si todos los componentes estructurales fueron ejecutados conforme a la norma.
Esa discusión permitió concluir en la tercera entrega que la responsabilidad se distribuye entre distintos actores: diseñadores, constructores, supervisores técnicos cuando la ley los exige, curadurías y autoridades de control, pero para los edificios esenciales en Valledupar aparece un desafío adicional. Muchos existen desde antes de la actual NSR-10; otros han sido intervenidos con el paso de los años. Y conocer su condición actual requiere evaluación.
El POT abre una oportunidad, pero todavía deja preguntas
Valledupar inició en septiembre la revisión de su Plan de Ordenamiento Territorial, con apoyo técnico de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. El portal oficial señala que el proceso se encuentra en etapa de diagnóstico y que durante 2027 avanzará hacia formulación, concertación y aprobación. La revisión es una oportunidad particularmente importante para esta investigación.
El POT determina cómo crece la ciudad, dónde se puede construir y qué riesgos deben incorporarse en el ordenamiento. La versión pública del diagnóstico, revisada por Noticias del Cesar, desarrolla gestión del riesgo y estudios de detalle, particularmente, alrededor de amenazas hídricas; sin embargo, en el contenido público visible no aparecen referencias expresas a microzonificación sísmica, Falla Río Seco o un inventario de vulnerabilidad estructural de edificaciones esenciales.
Eso tampoco permite afirmar que esos componentes hayan sido excluidos del trabajo técnico. El propio documento maestro de seguimiento advierte que el micrositio es una síntesis y que no están disponibles allí todos los documentos técnicos y anexos. La pregunta, entonces, debe trasladarse al proceso de formulación: ¿cómo incorporará el nuevo POT la amenaza sísmica, las fallas activas, las condiciones locales del suelo y la ubicación de la infraestructura que debe seguir funcionando después de un desastre?
El mapa nacional de fallas también cambió
En agosto de 2026, el Servicio Geológico Colombiano actualizó su Base de Datos de Fallas Activas y habilitó un visor público con información técnica sobre las estructuras reconocidas. El aplicativo puede incluir geometría, características cinemáticas, actividad tectónica, potencial sismogénico y otros atributos cuando existe información disponible. Para Valledupar, esto resulta particularmente relevante por la discusión que abrió la primera entrega de esta serie alrededor de la Falla Río Seco y otras estructuras regionales.
Pero hay que insistir en un principio: una falla cartografiada no es una predicción de terremoto. La información sirve para planificación, conocimiento del territorio y estudios especializados. No permite decir cuándo ocurrirá un movimiento, ni qué edificio resultará afectado.
Valledupar hizo simulacros; falta conocer qué enseñaron
La preparación institucional tampoco permaneció quieta. El 21 de octubre, Valledupar participó en el Simulacro Nacional de Respuesta a Emergencias. El balance oficial, posteriormente corregido, confirmó 170 entidades y organizaciones inscritas, frente a 119 en 2025. La Administración Municipal realizó a las 10:00 de la mañana un escenario de sismo. Separadamente, el Consejo Municipal de Gestión del Riesgo desarrolló durante la tarde un ejercicio territorial frente a vendaval.
En la Gobernación del Cesar se simuló un terremoto con daños estructurales, caída de escombros, humo y conato de incendio, y se informó una evacuación aproximada de cinco minutos. El ejercicio demuestra que sí existe preparación institucional frente al escenario sísmico; sin embargo, los balances públicos revisados no contienen una matriz detallada que permita conocer todas las fallas encontradas, acciones correctivas, responsables, presupuestos y fechas para cerrar las brechas detectadas. Evacuar rápido es importante. Saber si el edificio desde el cual se coordinará la emergencia puede seguir funcionando también lo es.
Lo que sabemos y lo que todavía no sabemos
Después de casi tres meses de reportería, esta serie permite establecer varias cosas. Valledupar está clasificada dentro de una zona de amenaza sísmica baja, pero el Cesar también presenta territorios de amenaza intermedia. Existen fallas geológicas estudiadas en la región. Colombia cuenta con una normativa sismorresistente robusta y una cadena de responsabilidades para el diseño, licenciamiento, construcción y supervisión. El departamento y el municipio tienen sistemas de gestión del riesgo y realizan ejercicios de preparación.
La Procuraduría ordenó reforzar la vigilancia preventiva. El Gobierno Nacional adoptó una metodología unificada para evaluar edificios afectados después de un terremoto. Y la Gobernación acaba de iniciar un proceso para fortalecer la evaluación y preparación de los hospitales públicos; no obstante, siguen sin aparecer públicamente, de manera integral, varios elementos que permitirían responder la pregunta inicial con mayor precisión: un inventario completo de la infraestructura esencial de Valledupar con su nivel de vulnerabilidad; una microzonificación sísmica pública y vigente identificada en la documentación consultada; y un cronograma conocido de evaluaciones y reforzamientos por edificación cuando técnicamente sean necesarios.
Eso no significa que no existan estudios individuales. Tampoco significa que Valledupar sea una ciudad estructuralmente insegura. Significa algo más sencillo y, periodísticamente, más importante: con la información pública disponible no es posible responder edificio por edificio.
El verdadero cierre está antes del próximo temblor
Esta serie comenzó el 10 de agosto preguntando si Valledupar y el Cesar estaban preparados para un gran sismo. La respuesta terminó siendo más compleja de lo esperado. Prepararse no significa solamente tener organismos de socorro. Tampoco significa únicamente exigir una licencia, aplicar la NSR-10 o hacer un simulacro. Prepararse es conocer las amenazas. Saber qué se construyó. Identificar qué fue modificado. Evaluar la vulnerabilidad. Priorizar hospitales y demás instalaciones esenciales. Corregir aquello que técnicamente deba corregirse y garantizar que los servicios críticos puedan continuar funcionando.
La OPS resume esa lógica al señalar que un hospital seguro es aquel que puede permanecer accesible y operativo después de un desastre. El Índice de Seguridad Hospitalaria existe, precisamente, para ayudar a detectar debilidades y priorizar intervenciones. Y esa idea puede extenderse al interrogante que deja abierta esta investigación. No podemos saber cuándo volverá a temblar. Lo que sí podemos saber —antes de que ocurra— es cuáles edificios necesitaremos cuando termine de temblar y qué hemos hecho para que sigan funcionando. Ese es el dato que Valledupar todavía necesita convertir en información pública, verificable y edificio por edificio.

