Una publicación viral del médico Rafael García asegura que los equipos de rescate en Colombia son suficientes y que el país necesita ahora más insumos que socorristas. Varias de las cifras que presenta tienen respaldo oficial; sin embargo, la evidencia internacional muestra que contar voluntarios y grupos USAR no basta para determinar si una nación tiene capacidad suficiente ante una catástrofe de gran magnitud.
Una afirmación comenzó a ganar fuerza en X mientras Colombia enfrenta las consecuencias del fuerte terremoto del 10 de agosto. Rafael García, médico que se identifica en esa red social como @SoyDrGarcia, sostuvo que el país “no necesita más equipos de rescate” y que la prioridad debe estar en los insumos y las donaciones.
García afirmó haber sido voluntario de la Cruz Roja Colombiana y médico de atención prehospitalaria. Su publicación superaba las 100.000 visualizaciones cuando comenzó esta revisión. También acumulaba miles de reacciones y más de un millar de republicaciones.
El mensaje contiene datos verificables sobre la capacidad colombiana. Sin embargo, también plantea conclusiones que requieren mayores precisiones.
La pregunta de fondo no es solo cuántos rescatistas existen. La verdadera discusión es cuántos pueden actuar, dónde están, qué capacidad técnica poseen y cuánto tardan en llegar hasta una estructura colapsada.
¿Cuántos equipos de rescate en Colombia están acreditados?
En este punto, García parte de un dato correcto. Colombia cuenta actualmente con 23 equipos USAR acreditados o reacreditados dentro del Programa Nacional de Búsqueda y Rescate, según la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, UNGRD.
USAR corresponde a Urban Search and Rescue. Son capacidades especializadas para localizar, liberar y atender personas atrapadas en estructuras colapsadas. No se trata, por tanto, de un grupo convencional de socorristas.
Estos equipos necesitan personal preparado para búsqueda física y técnica, rescate, atención médica, logística y evaluación de estructuras. También pueden incorporar perros especializados y herramientas para perforar, cortar o levantar materiales pesados. Las guías de INSARAG establecen estándares específicos para esas operaciones.
Colombia posee además el USAR COL-1, considerado por la UNGRD como la máxima capacidad nacional para operaciones complejas. El organismo informó en junio que está conformado por más de 160 especialistas y cuatro caninos de distintas instituciones del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo.
El grupo superó entre el 7 y el 12 de junio de 2026 su Reclasificación Externa INSARAG. Esa evaluación confirmó que mantiene los estándares internacionales requeridos para operaciones fuera del país.
También es correcta otra afirmación difundida posteriormente por García: Colombia está entre cuatro países del continente americano que poseen un equipo internacional con esa clasificación. Los otros son Estados Unidos, Chile y Ecuador, de acuerdo con la UNGRD.
Sin embargo, una precisión resulta necesaria. La expresión más exacta es Clasificación Externa INSARAG, y no simplemente “certificación de la ONU”. INSARAG funciona dentro del sistema internacional coordinado por la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios.
Tener 63.000 voluntarios no significa tener 63.000 especialistas USAR
Otro dato importante del mensaje de García también tiene sustento. La Cruz Roja Colombiana informó en junio que posee más de 18.000 voluntarios. La organización tiene presencia en el 97 % del territorio colombiano.
Por su parte, la Defensa Civil Colombiana reportó más de 45.000 voluntarios organizados en 25 seccionales durante su rendición de cuentas de 2025. Las dos cifras suman más de 63.000 personas. Pero sería incorrecto presentar automáticamente a toda esa población como especialistas en búsqueda y rescate de estructuras colapsadas.
La propia metodología INSARAG diferencia entre la comunidad que responde inicialmente, los servicios locales de emergencia y los equipos técnicos de mayor capacidad. La respuesta comienza con quienes están en el lugar. Después llegan organismos locales, recursos regionales y nacionales y, cuando se necesitan, equipos internacionales especializados.
Un voluntario puede estar capacitado para primeros auxilios, asistencia humanitaria, evacuación o diferentes tareas de gestión del riesgo. Eso no significa que necesariamente pueda realizar una penetración técnica en una estructura inestable.
Además, existe otra precaución estadística. Integrantes de Cruz Roja, Defensa Civil, Bomberos, Policía y Fuerzas Militares también hacen parte de los equipos USAR. Sumar todas las cifras como poblaciones independientes puede producir dobles conteos. El propio USAR COL-1 está integrado por personal proveniente de varias de esas instituciones.
García también habla de cerca de 1.000 rescatistas pertenecientes a los 23 equipos USAR. Noticias del Cesar encontró respaldo oficial para la existencia de los 23 grupos, pero no halló en las fuentes públicas recientes consultadas un consolidado que permita comprobar esa cifra exacta de mil integrantes.
Eso no significa que sea falsa. Significa que no debe presentarse como una cifra oficialmente comprobada mientras no aparezca el registro que la sustente.
Las 72 horas son críticas, pero no son una frontera absoluta
Este es uno de los puntos que más cuidado exige. García sostiene que las 72 horas posteriores a una tragedia son fundamentales. La idea general es correcta: mientras más rápido comience la búsqueda, mayores son las oportunidades de localizar sobrevivientes.
INSARAG reconoce precisamente que la respuesta comienza con los ciudadanos presentes en el lugar y con los servicios locales que pueden intervenir en minutos. Los recursos regionales o nacionales aparecen después y los internacionales complementan esa capacidad.
También existe evidencia de que familiares, vecinos y respondedores locales protagonizan numerosos rescates durante las primeras horas de los terremotos. Una revisión académica sobre operaciones internacionales encontró que los recursos locales desempeñan un papel decisivo antes de que lleguen equipos extranjeros.
Pero existe una diferencia enorme entre decir que las primeras 72 horas son críticas y afirmar que después de ese momento la búsqueda pierde sentido.
La literatura médica no respalda un límite universal. Un estudio publicado en Disaster Medicine and Public Health Preparedness examinó la supervivencia de personas atrapadas después de terremotos. Los investigadores concluyeron que los datos médicos y de ingeniería muestran una amplia variación en los tiempos de supervivencia. Por eso, plantearon que no debe adoptarse una única cifra rígida para abandonar la búsqueda. El trabajo puede consultarse en PubMed.
Es decir: 72 horas críticas, sí.
72 horas como fecha de vencimiento de una vida bajo los escombros, no.
Colombia acaba de ofrecer un ejemplo de la forma en que operan estos equipos. Después del terremoto de Venezuela de junio, el USAR COL-1 colombiano completó más de 96 horas continuas de búsqueda y mantuvo las operaciones para localizar posibles sobrevivientes. Finalmente permaneció ocho días en territorio venezolano.
La decisión de continuar o suspender una búsqueda depende de variables médicas, estructurales, operativas y de seguridad. No depende únicamente del reloj.
¿Más rescatistas significan necesariamente más personas salvadas?
Aquí el argumento de García tiene un fundamento importante. Enviar más y más grupos a una zona de desastre no garantiza, por sí mismo, que aumente proporcionalmente el número de personas rescatadas con vida.
Una investigación publicada en BMJ Global Health revisó distintas respuestas internacionales ante terremotos. Los autores no encontraron una relación clara entre la cantidad de personal y perros enviados desde otros países y el número de rescates con vida registrados. También advirtieron limitaciones importantes en los datos disponibles.
Ese hallazgo apoya una parte del planteamiento del médico. Pero no permite concluir que un país nunca necesita aumentar o reforzar sus equipos especializados. Son afirmaciones diferentes.
Una emergencia puede requerir más capacidad en un territorio y menos en otro. También puede producir decenas o cientos de colapsos simultáneos. En ese escenario, el número total de personas inscritas en organismos de socorro dice poco sobre la capacidad operativa real.
La propia INSARAG sostiene que los países deben evaluar las capacidades existentes y compararlas con las capacidades requeridas. Ese diagnóstico permite identificar brechas y definir qué debe fortalecerse.
Por eso, no existe un número mágico de equipos USAR que permita declarar que Colombia ya tiene “suficientes” para cualquier desastre imaginable.
Muchos equipos sin coordinación sí pueden convertirse en un problema
García plantea otra preocupación legítima: una llegada masiva de grupos mal coordinados puede generar problemas. Eso es cierto.
Las operaciones de búsqueda y rescate requieren sectorización, asignación de estructuras, intercambio de información y una autoridad que determine prioridades. INSARAG establece precisamente mecanismos para que los equipos se integren a la respuesta del país afectado.
Un rescatista que actúa sin coordinación puede incluso ponerse en peligro o comprometer la seguridad de otras personas; no obstante, el argumento de que los equipos internacionales necesariamente terminan consumiendo alimentos destinados a las víctimas necesita un matiz importante.
Los estándares INSARAG establecen que los grupos internacionales deben ser autosuficientes durante su despliegue. Eso incluye su capacidad logística para disponer de alimentación, agua, combustible y los elementos requeridos para operar. La finalidad es no convertirse en una carga adicional para el país afectado.
Por tanto, el problema descrito por García puede presentarse con grupos improvisados o mal organizados. No corresponde al modelo bajo el cual debería funcionar un equipo internacional correctamente preparado.
Estar acreditado importa, pero existen distintos niveles
García también advierte que no todos los equipos enviados a una tragedia poseen la misma preparación. Tiene razón.
La búsqueda dentro de una estructura colapsada exige conocimientos específicos. Una mala intervención puede provocar nuevos derrumbes y poner en riesgo tanto a víctimas como a rescatistas.
Sin embargo, tampoco debe confundirse una clasificación internacional INSARAG con la única forma válida de acreditar capacidad. INSARAG promueve mecanismos nacionales de acreditación y fortalecimiento. Un país puede desarrollar equipos preparados para operar dentro de sus fronteras sin que todos tengan que conseguir clasificación para despliegues internacionales.
Ese es precisamente el caso colombiano: existen 23 equipos nacionales acreditados, mientras el COL-1 representa la máxima capacidad para operaciones complejas e internacionales.
El terremoto puso a prueba una parte de esa capacidad
La discusión ya no es puramente teórica. Tras el sismo de magnitud 7,4 registrado el 10 de agosto, la UNGRD informó inicialmente de la activación de cuatro grupos USAR procedentes de Bogotá, Envigado, Yopal y Medellín para apoyar las operaciones de búsqueda y rescate.
Ese dato ayuda a entender por qué contar 23 grupos a escala nacional no responde toda la pregunta. Ante una emergencia concreta importan la ubicación de cada equipo, su disponibilidad, los medios de transporte, las vías, el número de estructuras afectadas y la posibilidad de mantener turnos continuos.
También importa que otras emergencias pueden ocurrir al mismo tiempo. Un equipo desplazado hacia una zona deja de estar disponible inmediatamente en su territorio de origen. Por eso, los sistemas de respuesta necesitan reservas y capacidad de reemplazo.
Entonces, ¿Colombia necesita más equipos de rescate?
Con la información pública disponible, no existe fundamento suficiente para responder categóricamente que sí ni para afirmar categóricamente que no. Ese es el principal problema de la conclusión viral.
Rafael García acierta cuando destaca la importante capacidad que Colombia ha construido. También acierta al resaltar a los primeros respondedores locales y la necesidad de coordinación.
Tiene razón, además, al advertir que más personas desplegadas no equivalen automáticamente a más vidas salvadas. Pero sus cifras no demuestran que Colombia haya alcanzado una capacidad suficiente para todos los escenarios posibles.
Para responder esa pregunta habría que establecer dónde están los 23 equipos; cuántos pueden movilizarse simultáneamente; cuánto tardan en desplazarse; qué nivel técnico posee cada uno; cuántas estructuras pueden atender al mismo tiempo; qué equipos de búsqueda, corte y apuntalamiento tienen disponibles; y qué capacidad queda en reserva.
La metodología internacional va precisamente en esa dirección. INSARAG plantea evaluar la capacidad existente frente a la capacidad requerida. Incluso su estrategia para 2026-2030 insiste en fortalecer las capacidades locales y nacionales, en lugar de asumir que alcanzar una determinada cantidad de grupos significa que el trabajo terminó.
Equipos de rescate en Colombia: el dato nacional no responde la pregunta local
Esta diferencia entre capacidad nacional y respuesta territorial también resulta relevante para el Cesar. Noticias del Cesar ya examinó en la primera entrega de su investigación sobre riesgo sísmico en Valledupar y preparación del Cesar las capacidades institucionales, la vulnerabilidad de las edificaciones y los retos regionales frente a un terremoto.
En una segunda investigación, el medio puso la lupa sobre quién controla la construcción sismorresistente en Valledupar y sobre las diferencias entre tener normas robustas y garantizar que realmente se cumplan. El debate generado por Rafael García agrega ahora otra dimensión.
Colombia puede disponer de una capacidad USAR destacada en América. Sin embargo, para cualquier ciudad la pregunta decisiva aparece mucho más cerca del suelo: si varios edificios colapsaran al mismo tiempo, ¿qué equipo especializado podría llegar, con qué recursos y en cuánto tiempo?
Contar rescatistas es importante. Saber si pueden estar en el lugar correcto durante las horas decisivas es todavía más importante.


