
¡Se acabó una era en las Fuerzas Militares, jefe! El presidente Gustavo Petro soltó una bomba a través de sus redes sociales que cambia para siempre la relación de los jóvenes colombianos con los cuarteles: el servicio militar obligatorio llega a su fin. Según el mandatario, esta monumental promesa de campaña ya es una realidad operativa gracias a la implementación de un nuevo salvavidas económico para los uniformados.
«Ganan el salario vital y van con alegría»
En un sorpresivo mensaje dirigido a la nación, el jefe de Estado aseguró que la obligatoriedad se derrumbó por su propio peso al volver atractiva la carrera militar. La clave detrás de este giro histórico es el pago del «salario vital», una remuneración que ha convertido la imposición en una opción tan rentable que, en palabras exactas del presidente, «no solo es voluntario, sino que se inscriben más jóvenes que nunca y con alegría».
Pero, ¿cómo funcionará este revolcón institucional en la práctica? El Ministerio de Defensa destapó sus cartas detallando el contenido del decreto mil setenta y cinco del año dos mil veinticinco, firmado por el mismísimo ministro de la cartera, el general en retiro Pedro Sánchez. La norma establece que los jóvenes que decidan ingresar a las filas podrán prorrogar voluntariamente su tiempo de servicio.
Actualmente, las reglas dictan que los bachilleres prestan doce meses, mientras que quienes no han terminado el colegio deben cumplir dieciocho meses. Con esta nueva jugada, los soldados podrán solicitar una jugosa extensión de entre seis y doce meses adicionales, siempre y cuando tengan un expediente impecable, cuenten con el aval de su comandante y haya cupos disponibles en el Ejército, la Armada o la Policía Nacional. ¡Una carrera militar a la carta!
¿Y los que se niegan a vestir el camuflado?
Para aquellos jóvenes que definitivamente no quieren portar un arma ni vestir un uniforme, el Gobierno consolidó una gigantesca vía de escape legal y remunerada: el Servicio Social para la Paz.
Bajo esta nueva y comentada modalidad, los colombianos podrán sudar la camiseta trabajando en comunidades vulnerables, apoyando planes de gestión del riesgo, cuidado del medioambiente, educación y protección de derechos humanos. ¿El gran premio por esta labor cívica? Al terminar su ciclo, recibirán un certificado oficial con la misma validez legal que la anhelada libreta militar, además de que el Estado les reconocerá ese tiempo como experiencia de primer empleo. ¡Un cambio de timón absoluto que transforma de raíz la seguridad y el futuro de la juventud en el país!