El río Cesar no solo alimenta ecosistemas. También sostiene la economía de pescadores, agricultores, ganaderos, areneros, comerciantes y comunidades rurales que durante generaciones han encontrado en sus aguas una forma de vida.
Cuando el sol apenas comienza a iluminar las montañas de la Sierra Nevada de Santa Marta, el río Cesar ya está despierto. En sus orillas hay pescadores lanzando atarrayas, campesinos encendiendo motobombas para regar sus cultivos, ganaderos llevando el ganado a beber agua y trabajadores cargando arena que más tarde llegará a las obras de construcción.
Mientras para muchos visitantes el río representa un paisaje, para miles de habitantes del Cesar y del sur de La Guajira significa trabajo, alimento y sustento económico.
La cuenca del río Cesar abarca cerca de 1,77 millones de hectáreas, de las cuales aproximadamente el 65 % se encuentra en el departamento del Cesar y el 35 % en La Guajira. A lo largo de sus cerca de 280 kilómetros de recorrido, el río beneficia directamente a once municipios: San Juan del Cesar, Villanueva, Urumita y La Jagua del Pilar, en La Guajira; y Valledupar, La Paz, San Diego, El Paso, Astrea, Chiriguaná y Chimichagua, en el Cesar. La mayor parte de esta población habita zonas rurales, donde el río sigue siendo el eje de la economía local.
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La pesca: una tradición que aún resiste

En la cuenca media y baja del río Cesar todavía sobreviven numerosas familias dedicadas a la pesca artesanal, especialmente en municipios como Chimichagua, donde la conexión entre el río y la Ciénaga de Zapatosa convierte a esta actividad en una de las principales fuentes de ingreso.
Muchos pescadores salen antes del amanecer para aprovechar las primeras horas del día. Sus capturas abastecen plazas de mercado, restaurantes y comercializadores de pescado fresco en municipios como Valledupar, Chiriguaná y El Paso.
Según la caracterización realizada por Corpocesar, las especies con mayor importancia comercial e histórica dentro del río Cesar son el bocachico (Prochilodus magdalenae), el nicuro o barbul (Pimelodus blochii), el blanquillo (Sorubim cuspicaudus), la doncella (Ageneiosus pardalis) y la picuda (Salminus affinis). En los últimos años también han ganado importancia comercial el moncholo, la mojarra amarilla, la arenca, la vizcaína, el comelón, el pincho y el chango, especies que hacen parte de la dieta y de la economía de numerosas comunidades ribereñas.
Para muchas familias, la pesca no es únicamente un oficio. Es un conocimiento heredado de padres a hijos, que incluye saber interpretar las crecientes, identificar los lugares de reproducción de los peces y reconocer los cambios que experimenta el río durante cada temporada.
El agua que mueve la agricultura
Si existe un sector que depende diariamente del río Cesar, ese es el agro. Las aguas del río alimentan distritos de riego y sistemas de captación que permiten mantener miles de hectáreas cultivadas durante todo el año.
En la cuenca predominan cultivos de arroz, algodón, sorgo, palma de aceite, maíz, plátano, yuca, frutas y hortalizas, además de pequeñas parcelas campesinas dedicadas al autoconsumo y al abastecimiento de los mercados locales. El Banco de la República señala que la agricultura constituye una de las principales actividades económicas de los municipios por donde pasa el río, mientras que Corpocesar destaca que estos sistemas productivos son fundamentales para el desarrollo regional.
Durante las épocas secas, cuando disminuyen las lluvias, el río se convierte en la principal garantía para que cientos de productores puedan mantener sus cosechas.

La ganadería también depende del río
De acuerdo con Corpocesar, la ganadería extensiva ocupa cerca del 63 % de la actividad económica agropecuaria de la cuenca, razón por la cual el río Cesar resulta indispensable para abastecer bebederos, mantener pasturas y garantizar la producción de carne y leche.
El departamento del Cesar es reconocido como uno de los principales territorios ganaderos de Colombia. Según Corpocesar, las subregiones del valle del río Cesar y del valle del Magdalena concentran buena parte de la producción bovina del departamento. Históricamente, la actividad se ha desarrollado bajo sistemas de ganadería extensiva, orientados tanto a la producción de carne como al modelo de doble propósito (carne y leche), que genera miles de empleos directos e indirectos en las zonas rurales.
Estudios señalan que municipios como Astrea, Chimichagua, Chiriguaná y Curumaní se han fortalecido gracias al desarrollo del clúster lechero, una actividad que dinamiza las economías locales y genera empleo para transportadores, ordeñadores, operarios de plantas lácteas, comerciantes y proveedores de insumos agropecuarios.
Detrás de cada litro de leche que llega a los hogares colombianos y de buena parte de la carne producida en el Cesar existe una relación directa con el río. Su caudal no solo mantiene hidratado al ganado; también sostiene una cadena productiva que mueve la economía rural y de la cual dependen miles de familias que han hecho de la ganadería su forma de vida durante generaciones.

Los areneros: un oficio poco visible
Hay otro grupo de trabajadores cuya historia pocas veces aparece en los informes oficiales, son los areneros, hombres que diariamente extraen material de arrastre del río para abastecer la construcción de viviendas, edificios, vías y otras obras civiles.
La extracción de arena y grava constituye una actividad económica reconocida dentro de la cuenca del río Cesar y representa el sustento de numerosas familias, especialmente en sectores cercanos a Valledupar y otros municipios ribereños. Muchos llevan décadas realizando este trabajo, transmitiendo el oficio entre generaciones.
Un río que también alimenta la cultura
El río Cesar no solo ha sido una fuente de agua y de sustento económico. También ha sido escenario del desarrollo de comunidades enteras y un elemento fundamental en la construcción de la identidad cultural del departamento. Desde mucho antes de la creación del Cesar como departamento en 1967, sus aguas ya acompañaban la vida de pueblos indígenas, campesinos y poblaciones ribereñas que encontraron en el río un lugar para vivir, trabajar y construir sus tradiciones.
Su influencia también se refleja en la cultura popular. El río Cesar ha inspirado versos, décimas, relatos campesinos y composiciones musicales que resaltan la riqueza natural del territorio y la estrecha relación entre sus habitantes y el agua. Dentro del folclor vallenato, considerado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, el paisaje del río, las sabanas y la Sierra Nevada de Santa Marta aparecen con frecuencia como símbolos del orgullo regional y de la vida en el campo.
Para quienes nacieron cerca del río, este representa mucho más que un recurso natural: es el lugar donde aprendieron a nadar, donde acompañaron a sus padres en las labores del campo o donde compartieron los primeros encuentros familiares.

Más que un río
Hablar del río Cesar es hablar de miles de historias que rara vez aparecen en las estadísticas. Detrás de cada bulto de arroz cosechado, de cada pescado vendido en una plaza de mercado, de cada litro de leche producido o de cada carga de arena utilizada para construir una vivienda, existe una relación directa con este afluente.
El río Cesar no solo atraviesa dos departamentos. También atraviesa la vida de pescadores, agricultores, ganaderos, areneros, comerciantes y comunidades enteras que han encontrado en sus aguas una fuente de trabajo, alimento e identidad. Comprender quiénes viven del río es entender por qué su protección no es únicamente un desafío ambiental, sino también una necesidad social y económica para el presente y el futuro de la región.
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