La planificación anticipada de la alimentación y una mejor calidad nutricional de los forrajes pueden marcar la diferencia en la productividad ganadera. El experto Juan Fernando Valero llamó a los productores a prepararse desde ahora para las necesidades alimenticias que tendrá el ganado durante 2027.
Los ganaderos no deberían esperar a que llegue una sequía o una emergencia climática para comenzar a buscar alimento para sus animales. La preparación debe hacerse con meses de anticipación y teniendo en cuenta no solo la cantidad disponible, sino también la calidad nutricional de cada materia prima.
Así lo explicó Juan Fernando Valero durante una jornada de capacitación dirigida a personas vinculadas con la producción bovina de leche y carne, en la que se abordaron alternativas nutricionales y estrategias para mejorar la eficiencia de las explotaciones ganaderas.
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“La comida de 2027 se tiene que tener lista en 2026”
Una de las principales recomendaciones entregadas por Valero fue la necesidad de anticiparse a los periodos críticos que puedan afectar la disponibilidad de alimento para el ganado. “La comida del 2027 se tiene que tener lista el 31 de diciembre del 2026”, afirmó el experto al referirse a la preparación que deben realizar los productores frente a temporadas de sequía y otros fenómenos que puedan reducir la oferta de forrajes.
Según explicó, esperar hasta el momento en que aparece la crisis limita las opciones del productor, especialmente cuando se utilizan forrajes conservados o materias primas cuya disponibilidad depende de determinadas épocas de cosecha. El especialista insistió en que la estrategia debe ser preventiva. La idea, señaló, es contar con reservas y alternativas definidas antes de que las condiciones climáticas comiencen a afectar las pasturas o la disponibilidad de otros alimentos.

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Mejor nutrición puede aumentar la eficiencia
Durante la jornada también se analizó cómo las nuevas tecnologías y el conocimiento nutricional pueden ayudar a mejorar los resultados de las explotaciones ganaderas. Valero explicó que conocer con precisión la capacidad nutricional de los alimentos disponibles en cada territorio permite formular mejores dietas y aprovechar con mayor eficiencia las materias primas.
“En la medida en que nosotros vamos mejorando la calidad nutricional, vamos mejorando la productividad”, explicó. Como ejemplo, señaló que internacionalmente puede tomarse como referencia la utilización de cerca de un kilogramo de materia seca para producir un litro de leche. Sin embargo, indicó que al mejorar la calidad nutricional del alimento esa relación podría reducirse hasta aproximadamente 800 gramos de materia seca por litro producido.
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La eficiencia también puede verse en la producción de carne

Un principio similar puede aplicarse a la ganadería destinada a la producción de carne. Valero explicó que una relación cercana a 10 kilogramos de materia seca para producir un kilogramo de carne podría mejorar cuando el alimento tiene mejores características nutricionales.
Con una alimentación de mayor calidad, sostuvo, el productor podría acercarse a relaciones de seis, siete u ocho kilogramos de materia seca por kilogramo de carne. La finalidad, más allá de aumentar simplemente la cantidad de alimento suministrado, es conseguir que cada kilogramo consumido por el animal aporte mejores nutrientes y permita incrementar la eficiencia productiva.
Capacitación para productores bovinos
El propósito central de la jornada fue entregar información técnica a quienes participan en diferentes etapas de la producción bovina. Según Valero, estos espacios buscan proporcionar herramientas relacionadas con nutrición animal y con las distintas alternativas disponibles para producir proteína de origen animal de manera más eficiente. Durante la capacitación también se abordaron alternativas para enfrentar la época seca, el aprovechamiento de subproductos agroindustriales y diferentes mecanismos de alimentación que pueden aplicarse dependiendo de las condiciones de cada explotación.
Cantidad y calidad deben planificarse juntas
Para Valero, uno de los principales aprendizajes que deberían llevarse los productores es que las metas productivas deben estar acompañadas de una planificación nutricional concreta. Si un ganadero pretende, por ejemplo, alcanzar producciones cercanas a 20 litros diarios de leche por vaca, deberá garantizar que el animal reciba suficiente materia seca y que esta cuente con las condiciones nutricionales necesarias para responder a ese nivel de producción.
Por esa razón, el experto considera fundamental que los productores conozcan con anticipación cuánto alimento necesitarán y cuál debe ser su calidad. El mensaje final apunta a cambiar una práctica frecuente en las explotaciones ganaderas: pasar de reaccionar cuando falta el alimento a planificar las reservas con suficiente anticipación.
Para los productores, especialmente en territorios donde las temporadas secas afectan periódicamente la disponibilidad de pasturas, esta planificación puede convertirse en una herramienta para reducir riesgos y sostener la producción de leche y carne durante los meses más difíciles.

