Así corrigieron el mapa que frenaba tres veredas de Becerril (3)

Tercera entrega de la serie: Municipios atrapados por una raya en el mapa

La memoria de los primeros colonos y un recorrido técnico permitieron corregir el mapa que afectaba a Tucuy, Manantial y La Unión, tres veredas de Becerril. Durante años, la cartografía las ubicó parcialmente en La Jagua de Ibirico y bloqueó inversiones, proyectos productivos y programas PDET para más de mil habitantes. El problema comenzó a esclarecerse cuando un ingeniero intentó localizar a varios beneficiarios de proyectos municipales. Aunque vivían y se reconocían como becerrileros, el sistema geográfico indicaba que estaban en jurisdicción de La Jagua.

Para comprobarlo, no bastaba con mirar el mapa desde una oficina. Fue necesario caminar ríos, subir la serranía, ubicar fincas, escuchar a los campesinos y recuperar la historia conservada por quienes conocieron a los primeros pobladores.

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Tres veredas de Becerril aparecían en otro municipio

Cristian Vega Angarita, ingeniero civil y de minas, descubrió la inconsistencia mientras trabajaba como contratista de la Secretaría de Planeación de Becerril. El problema apareció al georreferenciar campesinos que serían beneficiarios de proyectos productivos. “Cuando localizábamos a los beneficiarios, no salían en Becerril. Yo iba a visitarlos, tomaba los datos y el GPS me decía que estaban en La Jagua”, relató Vega a Noticias del Cesar.

El ingeniero revisó la información con herramientas asociadas al sistema de referencia MAGNA-SIRGAS del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, IGAC; sin embargo, el resultado era el mismo: las coordenadas situaban en La Jagua de Ibirico sectores atendidos históricamente por Becerril. La inconsistencia afectaba a Tucuy, Manantial y La Unión. Según Vega, en las tres veredas viven más de mil personas que mantienen vínculos sociales, económicos e institucionales con Becerril.

No se trataba únicamente de una discusión sobre una línea. Si las coordenadas indicaban que una familia estaba en otro municipio, Becerril encontraba obstáculos para incluirla en proyectos productivos, intervenir sus vías o ejecutar inversiones públicas.

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El río Tucuy y un caño parecido

Una de las claves estaba en el terreno. El río Tucuy y el caño Manantial, también llamado Manantialito por habitantes de la zona, presentan características similares en algunos puntos. Durante la temporada de lluvias, explicó Vega, resulta fácil confundir los dos cursos de agua. Esa semejanza pudo provocar que, al elaborar la cartografía, se siguiera un cauce diferente al señalado en las descripciones históricas del límite.

El PBOT de La Jagua de Ibirico establece que su límite norte con Becerril comienza en el nacimiento del río Tucuy, en la vereda Alto de Las Flores. El documento también contempla revisar los límites municipales con los territorios vecinos y el IGAC; por tanto, el reto consistía en identificar correctamente el río, su nacimiento y los elementos naturales descritos por las normas. Para hacerlo, Vega buscó el acompañamiento de quienes conocían el territorio antes de que existieran los sistemas satelitales actuales.

La memoria de Víctor Julio ayudó a encontrar la raya

Víctor Julio Esteban Quirós llegó a la zona como trabajador y se relacionó con familias de las fincas ubicadas a ambos lados del límite. Además, conversó con los primeros colonos y conservó sus relatos sobre la ubicación de la antigua divisoria. “La historia me quedó a mí por haber hablado con ellos”, contó Quirós. Esa memoria permitió identificar referencias como Los Cardonales, la primera finca de Tucuy y sectores próximos a Cerro Azul.

Víctor Julio explicó que el lindero conocido por los colonos no coincidía con la línea que después apareció en el mapa. Según su relato, el trazado cartográfico desplazaba la división hasta Manantial y, prácticamente, dejaba por fuera de Becerril a dos veredas. El campesino también ayudó a conectar a los habitantes de las fincas colindantes; de esta manera, los técnicos pudieron contrastar los relatos de ambos lados y reconstruir el recorrido reconocido tradicionalmente por las comunidades.

La memoria oral no reemplazó el trabajo técnico; sin embargo, indicó dónde buscar, qué cauces recorrer y cuáles fincas servían como referencias históricas; luego, esa información pudo verificarse mediante puntos georreferenciados.

Caminaron el río para demostrar el error

Cristian Vega recorrió el río Tucuy junto con miembros de la comunidad, entre ellos Emilio Zapata. Avanzaron río arriba, tomaron coordenadas y compararon los cursos de agua con la representación que aparecía en el mapa. El equipo también caminó sectores de la serranía entre Alto de Las Flores y Alto Tucuy. Víctor Julio acompañó parte de esos recorridos y ayudó a ubicar los elementos territoriales recordados por los antiguos colonos.

Con esa información, presentaron el caso ante el IGAC. Según Vega, la primera respuesta fue que las ordenanzas no mostraban problemas. La comunidad insistió y remitió nuevamente las evidencias obtenidas sobre el terreno; posteriormente, el instituto aceptó revisar la situación. La conclusión expuesta durante las mesas técnicas fue determinante: el problema no estaba, necesariamente, en las ordenanzas, sino en la forma cómo el límite había quedado representado en la cartografía.

El mapa bloqueaba proyectos productivos y vías

Tucuy, Manantial y La Unión cuentan con cultivos de café, cacao y productos de pancoger. Pese a esa capacidad productiva, la inconsistencia cartográfica dificultaba la intervención de caminos y obras de drenaje necesarias para transportar las cosechas. “En las obras de arte del camino estábamos bloqueados”, recordó Víctor Julio. La expresión alude a alcantarillas, cunetas y otras estructuras que permiten conservar las vías rurales durante las lluvias.

El obstáculo también alcanzaba los programas PDET. Becerril forma parte de los municipios priorizados para los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial; sin embargo, si un proyecto aparecía localizado en La Jagua, podía quedar por fuera de la programación municipal. “La ART nos decía: ‘Eso está en La Jagua’”, explicó Vega al referirse a la Agencia de Renovación del Territorio. Así, el municipio encontraba dificultades para cumplirles a comunidades que se consideraban becerrileras, pero aparecían cartográficamente en otra jurisdicción.

Las alcaldías respaldaron la solución

La corrección avanzó cuando las administraciones de Becerril y La Jagua de Ibirico coincidieron en revisar el trazado. Según los testimonios, ninguna de las comunidades promovió una disputa territorial ni se presentaron enfrentamientos entre vecinos. Víctor Julio destacó la voluntad del alcalde de Becerril, Fabián Martínez, y del mandatario de La Jagua. Cristian Vega también resaltó el acompañamiento de los equipos de planeación de los dos municipios.

La Asamblea del Cesar participó en las mesas porque cualquier resultado definitivo debe surtir el trámite jurídico correspondiente. La diputada María Cecilia Meza Ochoa explicó que la corporación acompañó el proceso junto con el IGAC y las administraciones locales. “Si no hay un deslinde, nunca va a haber desarrollo en estos territorios”, afirmó Meza Ochoa. Para la diputada, aclarar una línea permite invertir en vías, salud y proyectos dirigidos a las comunidades rurales.

La solución del límite entre Becerril y La Jagua

Después de los recorridos, el levantamiento de puntos y las mesas institucionales, las partes alcanzaron una solución técnica para corregir la representación que afectaba a las tres veredas de Becerril. Vega aseguró que el proceso completó tres sesiones y cerró el ciclo de revisión con el IGAC. A partir de allí, corresponde producir y tramitar los actos administrativos que incorporen formalmente el resultado a la cartografía y a las normas departamentales.

En los repositorios públicos consultados por Noticias del Cesar no fue localizada una resolución final del IGAC ni una ordenanza de la Asamblea que contenga el nuevo trazado; por eso, esta investigación distingue entre el acuerdo técnico alcanzado y su oficialización jurídica. Esa precisión no reduce el valor de la solución; por el contrario, muestra que las alcaldías y las comunidades lograron superar el desacuerdo territorial y entregaron la información necesaria para corregir el mapa.

Ahora, las autoridades deben informar qué acto formalizó el resultado, cuándo se actualizarán todos los sistemas institucionales y desde qué momento Becerril podrá ejecutar proyectos sin que las coordenadas vuelvan a rechazarlos.

Una solución nacida desde el territorio

La primera entrega de Municipios atrapados por una raya en el mapa mostró cómo 8,5 kilómetros sin pavimentar separan a Patillal de Carrizal. La segunda reveló que La Jagua todavía tiene pendiente su deslinde con Chiriguaná. ndiEsta tercera entrega demuestra que una raya problemática sí puede corregirse. Para lograrlo, los campesinos aportaron la memoria; los ingenieros tradujeron esa historia en coordenadas; los alcaldes respaldaron el proceso y el IGAC revisó la cartografía.

Víctor Julio resume el resultado desde una perspectiva comunitaria: “Todo se solucionó en una verdadera paz”. No hubo una pelea para arrebatar territorio, sino un esfuerzo conjunto para establecer dónde debía estar la línea. Ese camino puede convertirse en referencia para otros municipios. La cuarta entrega examinará si la experiencia de Becerril y La Jagua puede replicarse entre Valledupar y San Juan del Cesar, donde una indefinición territorial sigue atravesándose en la pavimentación de la vía Patillal–Carrizal.

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