Honorio Henríquez negó que exista una alianza entre el Centro Democrático y el Pacto Histórico, pese a que los votos de la izquierda fueron decisivos para elegirlo presidente del Senado. El congresista aseguró que ambas fuerzas mantienen intactas sus diferencias ideológicas, pero reconoció que coincidieron en la defensa de la independencia del Congreso frente al Ejecutivo.
El nuevo presidente de la corporación también agradeció el respaldo del senador Iván Cepeda y anunció que buscará conversar con él. Al mismo tiempo, prometió garantías para el gobierno entrante, los sectores independientes y la oposición, mientras intenta cerrar la primera gran fractura que apareció dentro de la coalición que acompañará a Abelardo de la Espriella.
Henríquez obtuvo 56 votos durante la sesión del 20 de julio. Alfredo Deluque, candidato del Partido de la U respaldado directamente por De la Espriella, consiguió 45, mientras se registró un voto en blanco. El resultado convirtió la instalación del nuevo Congreso en la primera derrota política del presidente electo antes de su posesión.
“No tenemos ningún acuerdo ni compromiso”
Después de su elección, Honorio Henríquez buscó reducir el alcance político de la coincidencia entre el uribismo y el petrismo. Según explicó, el Centro Democrático no adquirió compromisos programáticos, burocráticos o legislativos con el Pacto Histórico.
“No tenemos ningún acuerdo ni compromiso”, sostuvo el congresista. Agregó que la coincidencia surgió alrededor de la independencia de las ramas del poder público y recordó que el Centro Democrático también respaldó al candidato presentado por la oposición para ocupar la segunda vicepresidencia del Senado.
Henríquez insistió en que ninguno de los dos sectores abandonó sus posiciones. “Ni ellos han cedido en sus ideologías ni nosotros en las nuestras”, afirmó. Su explicación busca separar dos escenarios: una cosa fue compartir los votos durante la elección de la mesa directiva y otra muy diferente sería construir una alianza política permanente.
El Pacto Histórico entregó una interpretación similar, aunque con un lenguaje más directo contra De la Espriella. La colectividad aseguró que su voto no representó una aproximación ideológica al uribismo, sino una decisión destinada a derrotar al candidato respaldado por el presidente electo.
“Nuestro voto fue contra Abelardo”, declaró la organización, que aseguró seguir ubicada en las antípodas del pensamiento del Centro Democrático. También pidió altura política y garantías para ejercer la oposición durante los próximos cuatro años.
Un desenlace que comenzó a anunciarse días antes
La victoria de Honorio no apareció repentinamente durante el conteo de los votos. La disputa había comenzado varios días antes, cuando Abelardo de la Espriella impulsó la candidatura de su amigo Alfredo Deluque, mientras el Centro Democrático reclamaba la Presidencia del Senado por ser la bancada gobiernista más numerosa.
Desde el 13 de julio, Noticias del Cesar presentó el enfrentamiento como una competencia entre la confianza personal del presidente electo y la aritmética parlamentaria del uribismo. Deluque representaba la apuesta directa de De la Espriella, mientras Henríquez defendía que la dignidad debía corresponder al partido con mayor número de senadores dentro de la futura coalición.
El escenario se hizo más complejo cuando los partidos Conservador, de la U, Cambio Radical, Salvación Nacional y otros sectores anunciaron su respaldo a Deluque. El Centro Democrático mantuvo a Honorio y comenzó a buscar apoyos por fuera del bloque que acompañará al nuevo Gobierno.
El 16 de julio, este medio planteó una posibilidad que parecía improbable: que el Pacto Histórico y el uribismo terminaran votando por el mismo candidato. No existía todavía una alianza confirmada, pero las divisiones de la derecha habían convertido a la bancada de izquierda en el árbitro de la elección.
Un día después, Álvaro Uribe reveló que le había pedido a De la Espriella respetar la independencia del Congreso y reconsiderar su respaldo a Deluque. El presidente electo, según el relato del exmandatario, respondió que había comprometido su palabra con el senador guajiro. La diferencia dejó de ser una competencia entre dos candidatos y pasó a convertirse en el primer pulso directo entre Uribe y De la Espriella.
Uribe ofreció garantías y el Pacto quedó de árbitro
Para el 18 de julio, las cuentas mostraban que ninguno de los candidatos podía ganar sin buscar apoyos en los sectores de oposición. Alfredo Deluque reunía respaldos públicos de varias colectividades, pero todavía no tenía garantizada la mayoría necesaria.
Álvaro Uribe dio entonces otro paso significativo. El expresidente ofreció garantías al Pacto Histórico, a los verdes y a las demás bancadas en caso de que Honorio Henríquez fuera elegido. Era la confirmación de que el Centro Democrático estaba dispuesto a conversar con sus adversarios históricos para defender su espacio dentro de la coalición gobernante.
La senadora Martha Peralta también confirmó acercamientos con los dos candidatos. Así, el Pacto Histórico terminó en capacidad de escoger entre respaldar al hombre promovido por De la Espriella o ayudar al uribismo a propinarle al nuevo mandatario su primera derrota legislativa.
La falta de un acuerdo entre los partidos llevó la decisión a una votación secreta. La elección a “voto limpio”, defendida por el Centro Democrático, permitía que los senadores se apartaran de los anuncios realizados por las directivas de sus colectividades. Ese mecanismo favoreció la aparición de votos provenientes de partidos que públicamente habían prometido acompañar a Deluque.
Las señales durante la instalación del Congreso
Antes de la votación aparecieron dos gestos que, sin demostrar la existencia de un acuerdo previo, podían leerse como señales del desenlace que se produciría horas después. Durante su intervención ante el Congreso, Gustavo Petro reconoció que la negociación adelantada durante el Gobierno de Álvaro Uribe con las estructuras paramilitares contribuyó a reducir los homicidios. Petro utilizó ese antecedente para defender su política de diálogo, pero el reconocimiento resultó llamativo por provenir de uno de los mayores contradictores históricos del expresidente.
Posteriormente, el Centro Democrático realizó una réplica menos confrontativa de lo esperado. Andrés Forero cuestionó varias políticas del Gobierno, pero evitó atacar personalmente a Petro y presentó al uribismo como una oposición firme, dialogante y respetuosa de las instituciones. “La nuestra ha sido una oposición férrea e implacable, pero no desleal”, manifestó Forero, quien describió a los sectores contrarios como legítimos contradictores democráticos y no como enemigos que debían ser eliminados.
Ninguno de esos episodios prueba que Petro y Uribe hubieran cerrado un pacto secreto; sin embargo, ambos ayudaron a crear un ambiente de distensión entre sectores que, minutos más tarde, depositarían sus votos por el mismo candidato.
Honorio agradece a Cepeda y propone conversar
El momento más revelador de las declaraciones posteriores ocurrió cuando Henríquez contó que agradeció personalmente a Iván Cepeda. El nuevo presidente del Senado aseguró que quiere sentarse con el dirigente del Pacto Histórico para buscar acuerdos institucionales, pese a las profundas diferencias que ambos han mantenido.
Henríquez afirmó que las discrepancias políticas no deben impedir el diálogo. Su mensaje coincide con el tono que utilizó en su discurso de posesión, cuando llamó a bajar la confrontación, defender las convicciones sin eliminar al contradictor y construir colectivamente.
La aproximación a Cepeda no significa que el Centro Democrático esté dispuesto a modificar su agenda. Honorio aseguró que su partido continuará defendiendo sus principios y recordó que fue la primera colectividad que se declaró de gobierno después de la victoria de De la Espriella.
También sostuvo que el uribismo no pretende convertirse en un obstáculo para la nueva administración. Por el contrario, dijo que espera trabajar de la mano del mandatario entrante, aunque preservando la autonomía del Congreso.
Garantías para el Gobierno, pero también control político
Desde la Presidencia del Senado, Henríquez tendrá la capacidad de dirigir las plenarias, organizar los debates, intervenir en la definición del orden del día y garantizar el cumplimiento del reglamento. Además, ejercerá como presidente del Congreso y será el encargado de tomarle juramento a Abelardo de la Espriella durante su posesión.
En su primera intervención anunció que los partidos de gobierno, los independientes y la oposición recibirán el mismo trato. También afirmó que la mesa directiva no bloqueará las propuestas del Ejecutivo que busquen favorecer a los colombianos.
“Esta mesa directiva no se opondrá” a las iniciativas favorables para el país, aseguró. Sin embargo, advirtió que el Senado ejercerá el control político con firmeza y actuará de manera imparcial y objetiva. El mensaje intenta recomponer la relación con el presidente electo después de una elección que expuso las limitaciones de su poder sobre el Legislativo. Henríquez quiere dejar claro que derrotar al candidato de De la Espriella no equivale a declararse enemigo de su Gobierno.
Una coincidencia táctica, no una reconciliación
El resultado del 20 de julio no permite afirmar que Petro y Uribe hayan superado sus diferencias ni que el Pacto Histórico y el Centro Democrático conformarán una alianza estable. La propia izquierda aseguró que votó contra De la Espriella, mientras el uribismo sostiene que defendió el derecho de la bancada mayoritaria de gobierno a presidir el Senado.
Fue, por ahora, una coincidencia táctica. Al Pacto le permitió propinarle una derrota al mandatario entrante y obtener garantías para la oposición. Al Centro Democrático le sirvió para defender su peso parlamentario y evitar que De la Espriella organizara la coalición sin reconocer el poder del partido de Uribe.
La elección también demostró que el presidente electo no podrá depender únicamente de compromisos personales o anuncios de las directivas partidistas. Para aprobar sus proyectos necesitará negociar voto a voto con un Congreso fragmentado, en el que el uribismo conserva autonomía y el Pacto Histórico puede aprovechar las divisiones de la nueva coalición.
Honorio Henríquez intenta ahora pasar de la victoria a la gobernabilidad. Niega una alianza con la izquierda, tiende un puente hacia Iván Cepeda y ofrece garantías al presidente que respaldó a su rival. La verdadera dimensión de sus palabras se conocerá cuando comiencen a discutirse las primeras reformas del Gobierno de De la Espriella y el nuevo presidente del Senado tenga que escoger entre acompañar, modificar o frenar la agenda del Ejecutivo.


